Estas son solo tres pinturas, casi elegidas al azar porque todas me gustan, de Qinquela, ese ser bondadoso, humilde, sensible, y visionario que nos dió La Boca.
Benito Quinquela Martín, fue criado hasta los 6 años en una casa cuna de las tantas que había por esa época (1890) por todos los suburbios. Eran tiempos de la inmigración y del hambre pero también tiempos de esperanza y de apostar a un futuro costara lo que costara, por eso un genovés “Chinchela” lo adopta y lo lleva a su carbonería en La Boca, donde su esposa analfabeta le brinda cariño y cuidados. Pronto comienza a trabajar en la carbonería y en el puerto y a los 17 se inscribe en la escuela de arte.
Expone por primera vez a los 20 años y su paleta estrepitosa y desbordante de color más ese no se qué “nostalgioso” gusta a muchos y aotros no tanto, como siempre…
Con las primera ventas compra la casa de sus padres adoptivos y la carbonería para que vivan más tranquilos y luego comienza a dar… a dar al pueblo y al gente de su barrio: hace escuelas y jardines, una casa cuna, casa de leche (donde se amamantaba a niños huerfanos y de la calle), un consultorio odontológico y una escuela de arte.
Quinquela expone con exito en Paris, Madrid, Nueva York, pero siempre vuelve a su barrio de La Boca y a su casa-museo-conventillo y toda La Boca lo espera siempre con los brazos abiertos. La paleta de Quinquela desbordó los cuadros y se expandión por todo el barrio, leí una vez por allí, y es verdad por que Quinquela es La Boca y La Boca es Quinquela…
Por mi parte, no puedo no emocionarme cada vez que miro sus cuadros, cada vez que admiro su paleta y esa sensible forma de ver la vida…
Benito Quinquela Martín murió el 28 de enero de 1977 pero en la Boca se respira el olor de sus oleos y se siente en sonido de sus pinceles…

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