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Llegado el momento, había que cruzar el puente.
El puente viejo, en ruinas, lleno de hierbas y malesa…que le crecieron con el tiempo…
Había que cruzarlo, descalzos e indefensos, nosotros habíamos perdido la práctica de cruzar el puente sin miedos, sin mirar abajo, de cruzarlo disfrutando del retorcijón en la panza…
Del otro lado nos esperaba algo, pero habíamos olvidado que era…
El puente para ir a jugar más allá de la vista de los adultos, el puente que transportaba siempre a otro sitio, el puente de aquellos días estaba ahora delante nuestro…y aun lo está, nos espera.
Nos vamos acostumbrand0 a ir siempre por la misma vera del camino, por la misma orilla del río, por la misma arista de la vida y olvidamos sensillamente lo mucho que disfrutabamos la aventura de ser todos los días alguien nuevo…

Transcurría el mes de la espera, el sol caía extremadamente pesado cada día sobre sus cabezas y el calor casi no los dejaba pensar.
El tiempo se hacía de plomo por entonces y lo peor era que pese a no pensar demasiado ellos lo sabían.
De apoco se fueron apagando, callando, aquietándose sin un motivo lógico comprensible. Llegaron al letargo absoluto y a practicamente derretirse (literalmente) en las aceras…
Para salvarlos luego, llegó Enero.

Veo llegar el auto, está aun en la otra esquina parado en el semáforo, pero sé que viene para aca. Me pongo a preparar la bandeja en la que le serviré lo de siempre. Cargo los filtros de café, preparo el jugo de naranjas, busco las tres rodajas de queso y dispongo dos medialunas saladas en un plato. Él entra a la cafetería. Busca con la mirada los diarios de hoy que están diseminados por las mesas y hace un recorrido torpe recolectándolos. Pasa por la barra donde lo espero por cortesía, saluda con un cortante “hola” y mirando la vitrina de las tortas hace como si pensara qué se le antoja…Pero yo ya sé y creo que él también lo sabe, tal vez mira la vitrina para asegurarse de que no pedirá nada de eso, no lo sé… “Mmm un cortado chico y dos medialunas” dice, “¿saladas?” le pregunto como si no supiera y como si no las tendría preparadas en el plato tras de mí. “Mmm..sí, saladas” responde, como si existiera la posibilidad de comer las dulces…
Se dirige a la mesa de siempre eso sí lo hace de manera decisiva, la cuatro, detrás de la columna y cerca pero no al lado de la ventana. Allí tiene a mano el revistero, que él no precisa pues ya tiene tres diarios bajo el brazo para mirar, pero sí lo usará ella, que ahora está abriendo la puerta…Que ha estacionado su auto en la otra cuadra y viene caminando y mirando desde afuera si efectivamente él llegó.
Tengo todo en la bandeja solo falta que ella pase por la barra y se pare en la esquinita para pedirme pasar al baño y me haga su pedido. Ella no lo piensa demasiado y me dice “como siempre un cortado mediano, un jugo de naranjas y tres rodajitas de queso, ¿puede ser?”. “Como no, enseguida te lo llevo” respondo con una sonrisa y le prendo la luz del baño que jamás encuentra. Hago dos pasos hacia atrás y abro las canillas de la cafetera, hago espuma con la leche y les sirvo los café, todo lo demás aguarda ya en la bandeja…
El tiempo que demora el café en llenar las tazas es el tiempo que ella demora en el baño, así que espero que salga y se dirija con su labial retocado a la mesa donde él la espera hablando con alguien por teléfono y la saluda al descuido con un gesto. Ella se quita el abrigo, deja todo su equipaje en la silla de al lado y se sienta frente a él. Es en ese instante cuando llego hasta ellos. A medida que voy bajando las cosas de la bandeja a la mesa ella las va acomodando y él le habla o le pregunta del trabajo, ella espera en responder y emite un pequeño gracias hacia mí que consiento con la cabeza y vuelvo al rincón de la barra que me pertenece. Los dejo solos y hablan, sonríen, beben, comen por unos cuantos minutos.
Cuando él por fin deja a un lado los diarios que ocupaban hasta entonces casi toda la mesa formando una barrera entre ambos, ella se estira hacia atrás y toma dos o tres revistas. Las ojea, pagina tras página mientras él comienza a irse. Digo comienza por que mira la hora, vuelve a acomodar los diarios en el revistero, hace ruido con las llaves del auto, ve que no le haya entrado ningún mensaje al celular y por ultimo pregunta sin importarle demasiado la respuesta, “ ¿voy pagando?”. Sin importarle, porque casi me lo pregunta a mí, pues ya lo tengo delante de la caja.
Yo suelo demorar apropósito en hacerle la cuenta. Aunque ya sé el valor, tecleo despacio en la computadora y más despacio aún le digo el monto y le doy el vuelto, ya que su billete está ya sobre la registradora. No sé porqué lo hago, tal vez me molesta su falta de cortesía para con ella…
En fin, no veo como, es un detalle que me falta averiguar, pero ella ya esta lista con el abrigo puesto y el bolso colgado. Está parada en el escalón de la puerta sosteniendo la vai-vén con un pie y dice la frase que más fuerte le sale, fuerte de volumen digo: “Hasta luego” mirándome e instantáneamente entorna sus ojos y lo recorre a él con la mirada y le regala un “chau” susurrado, pues él está casi a su lado. En la vereda son ya dos extraños y casi no se miran.
Mañana volverán, y volverá esta especie de dejavu, el jueves no vendrán y sí el viernes pero más tarde y luego una ausencia hasta el próximo martes.
Me pregunto que pasaría el día que algo de su rutina no encajara, el día que no haya queso o que no hayan llegado los diarios, el día que la mesa cuatro esté ocupada, o que esté ocupado el baño…no sé…
Retomo este escrito, lo había dado por terminado. Hoy es jueves, hoy no debían venir, pero vienen. No tengo la bandeja preparada por lo que voy a demorar más en atenderlos, solo queda una medialuna salada y los diarios están diseminados por las mesas pero ocupados por otros clientes, la mesa cuatro esta libre al menos…Pero lo peor, lo peor es que vienen juntos. ¡En el mismo auto!

Cerró la puerta de entrada con dos vueltas de llave. La cerró y la volvió a abrir, salió y miró a su derecha e izquierda, todo estaba tranquilo y oscuro como de costumbre. Volvió a cerrar la puerta y le volvió a hechar llave, también cerró la cancel y el bisillo…
De camino al fondo apagó el televisor, y la luz del living, también la ventana del comedor. Acomódó en su lugar la silla que había dejado corrida de lugar y llevó los vasos vacios a la cocina, donde apagó la luz y se cercioró de que la canilla no goteara. Se llegó así hasta la biblioteca bajó sigilosamente el volumen de la computadora y depositó dos libros en sus respectivos estantes, a la vez que tomó otro para sí. Cuando salía de allí se volvió y apagó del todo la computadora (era mejor así, sin ruidos). Pasó por fin por el lavadero y cerró los ventanales y puso llave y candado ala puerta del fondo, vió que los perros dormían en sus “cuchas” ( por la ventana). Volvió sobre sus pasos, recorrió el comedor y llegó al baño, se cepilló los dientes y el cabello, se lavó la cara, se puso crema, pasó por el inodoro, tiró la cadena, ésperó un minuto mirando que no quedara perdiendo, apagó la luz y salió de allí. Entró en él cuarto y suspiró… Se quitó la ropa y mufó…Se puso el pijama y secó una lágrima…. Se acostó y soño con él.

A algunos los separan paredes, finas paredes de departamentos, suelos que son techos para otros. A otros, cuadras, veredas y calles, asfaltadas y algunas de polvareda penetrante. A veces la distancia comienza a medirse en kilómetros o millas, señalética de carreteras se confunde y se amalgama con la geografía. Tambien, entre varios hay agua, ríos, mares, océanos inmensos y más y más kilómetros de carreteras…..

Dicen, que cada cual está por allí, vagando a estas horas, que a la larga son lo mismo por más usos horarios diversos y soles que se esconden y lunas que salen.
Dicen que andan arrastrando sus pies de pantuflas, descalzos otros, aun en los zapatos varios…Que van y vienen, con sus tazas de té, arrullando un café, con los dedos amarillos de tabaco o sucios de chocolate, algunos prefieren un trago y otros algo más sólido, está bien algo para masticar en la soledad…
Dicen que todos han escuchado voces, pero cada cual está solo frente aun monitor como este tecleando unos cuantos caracteres como otrora garabatearon sus primeras palabras….

En las soledades profundas de las distancias incalculables, se conectan a veces, dicen, que ellos han oído voces…..

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A todos ustedes, sinceramente….

Matarlo cada noche había resultado de pronto la solución a todos sus problemas.
Matarlo era eliminarlo, borrarlo, olvidarlo.
No había culpas ni arrepentimientos.
No había dudas ni añoranzas
Y nunca, nunca quedaban recuerdos.
A veces lo envenenaba, a veces lo asfixiaba, a veces le disparaba, pero muy a menudo lo ignoraba y simplemente se esfumaba.
Cada mañana, a horas del crimen, indefectiblemente se volvía a enamorar.
Y sin explicarse como era que ya dormía con alguien, se llenaba de dicha y redescubría los ojos negros, la palabra inquisidora, su olor, sus latidos, su risa, sus manos….
¡ Que haría sin sus manos!
Nunca se preocupo por el fin, no se preocupo cuando lloraban , ni cuando peleaban, tampoco si llegaban a odiarse.
Sabía que lo mataría en unas horas y que por la mañana todo renacería.

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Este es un relato del año pasado, que a vecese toma viegencia, como todo ¿no?

Se le había apiñado un mal sueño (por no decir pesadilla) ahí, en la nuca, justo por encima de la última vértebra. El elemento incorpóreo alojado allí casi no lo dejaba pensar con claridad hasta el acto más simple.

“-¿Dónde lo velan?….
- No, si lo velaron “antyer” y ayer no ma´lo eterraron…
- Qué macana che… no habé sabido na´….”

El retaso de conversación le llegaba con el viento desde la vereda vecina, mientras cerraba la puerta de su casa y quedó medio congelado por ella y por el frío …. claro.

“- Qué loco che, ayer comí en la parada con el viejo…
- Sí…un bajón, de golpe…
- Vamo junto al velorio…
- Está listo, despué hablamo.”

Subía al taxi con dificultad y aun se le dificultaba más la existencia escuchando la segunda necrológica del día en la voz y en la radio del tachero….
De pronto, cómo un súbito alarido, como un grito agudo casi un chillido, la pesadilla alojada en su nuca recorrió un camino transversal hacia su corazón y se sintió terriblemente angustiado.
Ya no sabía bien a donde ir y como era muy supersticioso decidió manejarse con cuidado ese día, andar con pie de plomo como quien dice y bajo del taxi sin explicación alguna. Caminaría.

Dos cuadras más adelante recordó por fin el sueño y se horrorizó, pero ya era tarde la luz verde del semáforo se le mezclaba con la roja de la ambulancia…

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Aun está muy fresquito del relato luego veo si le hago algunos cambios…

¿Recuerdan el relato del extraño en el umbral’? bueno a raiz de esas líneas ha nacido un realato más serio o tal vez un cuento corto. Se los dejo aca, espero comentarios.
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El extraño en el umbral.

Él estaba ahí, en el umbral. Esperándola como siempre, para vivir otra historia, fuera rutina o aventura no importaba por el momento. Lo único que realmente les interesaba era el encuentro en sí, todo lo demás eran adornos o en el mejor de los casos circunstancias casi escenográficas. Para ambos el camino que recorrían el uno hacia el otro era incierto, tan incierto como absurdo y hasta surrealista si se quiere, pero a fuerza pasión y deseo dejaban en cada despedida todas las esperanzas puestas en el azar, la suerte o la casualidad.
Él, como buen caballero, siempre llegaba antes, por más que ninguno sabía hora alguna del dichoso encuentro. Solía esperarla con la sola compañía del inmenso anhelo de verla y a veces con alguna lectura entre manos. La ansiedad lo carcomía, pero sabía como dominarla. Casi nunca se sentaba, su posición favorita para aguardar el momento en que sus ojos la descubrieran en el horizonte lejano de la nada, era parado. Levemente inclinado sobre su hombro y apoyado a cualquier elemento que sirviese de sostén, pared, farol, árbol o la arista misma de las sombras, no importaba, se recogía sobre sí, apoyando como dije el hombro a algo, manos echadas a los bolsillos y pierna sobre pierna levemente cruzada. Un silbido tal vez, pero escueto, alguna vez un tarareo y el recitado a media vos de un poema de amor a modo de ensayo.
El esta ahí, como he dicho y como siempre, el cabello castaño lacio y algo caído sobre los ojos café (café intenso), la sonrisa disimulada del tímido hasta entrar en confianza…Está ahí, manos al bolsillo del pantalón holgado…y entonces ahora, la mirada se le arde y la sonrisa se le escapa, extiende una mano que sale presurosa de su escondite, y la recibe a ella, con reverencia desprolija del noble que oculta linaje, por vergüenza o rebeldía. Y ahora, otra vez, se produce el mágico momento: ella cruza el umbral tomada de su mano…
No se dicen más que hola, pero ríen, bailan y hablan, claro, pero otro idioma distinto y más rico que este simple de las palabras. Es preciso y casi una regla del juego, la conquista y la seducción, no lo olvidan y se regocijan en ello. Ambos son extranjeros de visita en tierra del otro, ambos han viajado grandes distancias con la rapidez de lo instantáneo y han dejado el resto de sus vidas allá en alguna casa oscura o alguna oficina húmeda de la gran ciudad.
Hoy él propone un café, porque allí donde están también parece que va a llover, se percibe una atmósfera pesada y gris que apenas si los roza. Ella acepta el café porque adora cualquier cosa que este caballero proponga. Hoy ella es Mía y el Sueño, porque suelen olvidar sus nombres de encuentro a encuentro y además de que sirven los nombres para el amor. Pero a él no le hizo mucha gracia ser Sueño…
- Oye, Mía- le dijo tomándola de las manos entre la taza de café y el servilletero de metal – no me digas Sueño, que no quiero ser eso mujer..
- Si solo fue una palabra, a quien le importa lo que seamos, mientras seamos esto – lo miró alos ojos más intensos que aquel café y le apretó con fuerza las manos- ¿a quien le importa? mientras tengamos las manos así de unidas, mientras sepas de mis labios – se inclino sobre la mesa y lo besó- mientras sepa de tus ojos – y el sonrió- mientras sin importar donde tu me esperes y yo te encuentre…
- De todas formas, prefiero ser tu realidad y no tu sueño Mía, porque temo que no vengas o cruces otro umbral un día y yo te vea de lejos y no pueda gritar y no pueda correr por ser un sueño que has olvidado
- No voy a olvidarte, al menos no cuando cruce el umbral, aca no hay olvidos porque no hay nada que se los merezca… ya dejemos la filosofía y los supuestos que puede amanecer de pronto y alguno de los dos puede esfumarse, vamos “mi realidad””mi caballero andante” “ mi apasionado Romeo” “mi triste Athos” “mi Mío” , apura ese café y salgamos a la lluvia que contigo hasta me gusta.
- Aunque siempre se desean más los sueños que las realidades y siempre uno es más feliz en ellos…-reflexionó él en vos baja y pagó la cuenta- Oye, Mía… soy quien quieras que sea.. que más da… y salió de aquél lugar corriéndola y riendo bajo la lluvia más tibia que jamás sintieron.
Y así se aceptaron tal como eran allí, dos extraños muy conocidos en algún sitio inconexo entre el sueño y la vigilia, qué más da, había dicho él y nunca dijo algo tan acertado. Hicieron planes que no prosperaron ya que en cada encuentro los habían olvidado y volvían a proyectar sus futuros años felices. Alguna vez se pelearon, pero cuando eso ocurría alguno de los dos volvía de inmediato a sorprender al que aun quedaba varado y llorando para robarle un beso, invitarle un trago y porqué no bailar un tango, apretado de enojo, de celos, de angustias y de perdones apasionados. A veces tenían hijos y hasta se materializaba una pequeña casa con patio verde por donde ellos corrían mientras Mía y Sueño suspiraban de felicidad. Y viajaban, viajaban mucho, estuvieron en La Boca y cruzaron hasta el puerto de Cádiz, fueron a Venecia para pasear en Góndola, él insistió con un safari al África y ella con espiritual viaje a la India. Los días más románticos eran para ambos lo que habían pasado en Paris, pero disfrutaron todos, hasta los más inciertos espacios grises de la nada, cuando la imaginación está falta de musas.
Transcurrieron años de encuentros y viajes, pero ninguno notaba el paso del tiempo si estaban juntos. Una noche él no estaba en el umbral, pero ella decidió cruzar igual y sorprenderlo cuando él llegara desde la nada como tantas veces había llegado ella. Esperó parada como él lo hacía, apareció un farol oxidado tan amigo como el del tango, donde se apoyó casi imitándolo, pero se cansó al rato y se sentó en un banco de plaza unos pasos atrás. Desde allí podía ver todas las esquinas por las que él podría doblar, podía hacer guardia sin inmutarse y sin distraerse porque el paisaje era totalmente austero y cada vez más desértico, pero él no vino. Y Clara despertó llorando aquella mañana fría de invierno.
Clara no sabía porqué lloraba, posiblemente había sufrido una pesadilla y ahora estaba así agobiada y angustiada hasta la médula y encima ya se hacía tarde para el trabajo. Clara maldijo los chocolates que se comió la noche anterior y les adjudicó todo su mal humor y esa tristeza profunda que le dejó un mal sueño. Clara no sabía porque lloraba de a ratos mientras se duchaba, hasta que de pronto el agua sobre la cara le hizo un guiño y casi la convirtió en Mía otra vez, pero el apuro no le permitía ponerse a deducir sueños extraños. Se conformó diciéndose que esta noche probablemente lo hallara otra vez y listo, al fin y al cabo solo era un tipo interesante que su inconciente le había regalado, ni siquiera era real… Pero ese pensamiento la entristeció e imaginó al extraño en el umbral por un instante y se dijo que mejor aun, tal vez no fue a la cita porque esta atravesando el umbral de los sueños y cualquier día se hace realidad…
Como fuere, Clara lo olvidó todo cuando subió a subte. Lo cierto es que Teo, al otro lado del hemisferio, había tenido insomnio y paso una terrible noche en vela de la que no se sobreponía, hasta que se despachó con una buena siesta.

“No me ames si no me recuerdas en un sueño pasado…” Carolina Vanni

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Él estaba ahí, como siempre, esperándola para vivir otra historia fuera rutina o aventura no imporba por el momento. El cabello castaño lacio y algo caído sobre los ojos café (café intenso), la sonrisa disimulada del tímido hasta entrar en confianza…Estaba ahí, manos al bolsillo del pantalón olgado…y entonces le extendía una, con reverencia desprolija de caballero que oculta linaje, por vergüenza y reveldía. Y entonces, se producía el mágico momento: ella cruzaba el umbral tomada de su mano…
Lo raro es que a él también le ocurría, de manera inversa claro…
Lo verdaderamente raro y paradógico es que ambos creían que soñaban con exraños, no sabían ni sus nombres pero se conocían tanto…

¡Me ataca! ¡Me ataca!
Qué espanto, me desperté gritando como loca y mi pareja que me decía : “no pasa nada, calmate…¿estás bien?”
Recuerdo que lo miré confundida: “Vos me atacabas” -le recriminé sin saber si había despertado realmente. “Pará un poco…-dijo él- ¿querés agua? ¿estás despierta?”……
….
“¡Uy! ¡qué sueño feo!…¿estás despierto?”- eso fue lo primero que dije esta mañana y le conté que había soñado que estaba soñando, raro pues sí. Sañaba que soñaba con él y que me atacaba a matar… mas cuando yo despertaba él me ofrecía agua como que no pasaba nada…

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