El diario de Adan y Eva, Mark Twain (IV)

MARTES

Ahora la emprendió con una serpiente. Los otros animales están contentos porque ella está siempre experimentando con ellos y molestándolos; y yo estoy contento porque la serpiente conversa y esto me permite tomarme un descanso.

VIERNES

Ella dice que la serpiente le aconsejó probar el fruto de aquel árbol y dice que el resultado sería una impresionante educación, noble y refinada. Le contesté que habría otro resultado también:
eso introduciría la muerte en el mundo. Fue un error -debería haberme guardado la observación para mí mismo; simplemente le dio una idea: podría salvar al buitre enfermo y suministrar carne fresca a los abatidos leones y tigres. Le advertí que se mantuviera alejada del árbol. Dijo que no lo haría. Presiento problemas. Voy a emigrar.

MIÉRCOLES

He pasado un momento difícil. Anoche escapé y cabalgué a todo galope de mi caballo, esperando poder salir del Parque para esconderme en alguna otra región antes de que comenzaran los problemas. Pero no pudo ser. Aproximadamente una hora después del amanecer, cabalgaba a través de una planicie florida donde miles de animales estaban paciendo, dormitando o jugando en-tre sí como de costumbre cuando, de pronto, rompieron en una tempestad de ruidos aterradores. En un momento la planicie estaba en furiosa conmoción y cada bestia destruía a su vecino. Enseguida entendí qué significaba todo eso: Eva había comido aquel fruto y la muerte había llegado al mundo… Los tigres devoraron mi caballo, sin prestar atención cuando les ordené desistir e incluso me hubieran devorado a mí si me hubiera quedado, pero no lo hice, sino que me alejé a toda prisa… Encontré este lugar, fuera del Parque, y resultó realmente confortable por unos días, pero ella me encontró. Me encontró y llamó al lugar Tonawanda – dice que eso es lo que parece -. En realidad no lamenté que viniera ya que no hay más que algunos frutos insignificantes aquí y ella trajo algunas de esas manzanas. Estaba tan hambriento que me vi obligado a comerlas. Fue en contra de mis principios , pero me di cuenta de que los principios no tienen fuerza real salvo cuando uno está bien alimentado… Ella volvió cubierta de ramas y ramilletes de hojas y cuando le pregunté de qué se trataba ese disparate y se las arranqué y arrojé al suelo, lanzó una risita y se sonrojó. Nunca había visto a ninguna per-sona reírse y sonrojarse anteriormente. Me pareció inadecuado e idiota. Ella me dijo que pronto lo averiguaría por mí mismo. Y fue así. Hambriento como estaba, dejé la manzana a medio comer – ciertamente la mejor que haya visto, considerando lo tardío de la estación – y me atavié con las ramas y hojas que ella se había quitado. Entonces le hablé con cierta severidad y le ordené que fuera a buscar más y que no hiciera ese espectáculo de sí misma. Lo hizo y después nos deslizamos sigilosamente hasta donde había tenido lugar la batalla de bestias salvajes, recogimos algunas pieles, y le pedí que cosiera un par de trajes apropiados para ocasiones públicas. Son incómodos, es cierto, pero elegantes y eso es lo más importante con respecto a la ropa… Me doy cuenta de que ella es una compañera fantástica. Veo que estaría solo y deprimido sin ella ahora que perdí mi propiedad. Otra cosa: ella dice que se ordenó que trabajáramos por nuestra subsistencia de aquí en adelante. Ella va a ser útil. Yo voy a supervisar.

DIEZ DIAS DESPUÉS

Ella me acusa de ser la causa de nuestro desastre. Dice, con aparente verdad y sinceridad, que la Serpiente le aseguró que el fruto prohibido no era la manzana, sino la castaña. Entonces contesté que era inocente, ya que no había comido ninguna castaña. Pero ella dijo que la Serpiente le informó que “castaña” era un término figurativo que significa “chiste viejo y pesado”. Empalidecí porque yo había hecho chistes para pasar los ratos de hastío, y algunos de ellos fueron de ese tipo, a pesar de que honestamente suponía que eran nuevos cuando los hacía. Ella
me preguntó si había hecho uno justo en el momento de la catástrofe. Me vi obligado a admitir que había pensado uno, aunque no lo dije en voz alta. Eso fue. Estaba pensando en las cataratas y me dije a mí mismo: “~Qué maravilloso es contemplar este vasto caudal de agua cayendo hacia abajo!”. En ese instante un pensamiento brillante iluminó mi mente, y lo dejé volar, diciendo: “~Sería mucho más maravilloso verlo caer hacia arriba!”, y estaba a punto de reírme cuando la naturaleza en pleno estalló en guerra y muerte y tuve que volar para salvar mi vida. “Eso”, dijo ella, triunfante, “eso mismo; la Serpiente mencionó exactamente esa broma, la llamó la Primera Castaña y dijo que era tan antigua como la Creación”. ¡Ay de mí! En verdad soy culpable. ¡Ojalá no hubiera sido tan ingenioso; ay, si no hubiera concebido jamás una idea tan brillante!

……………………………………………………………………………………………………………..

Sin palabras….¿ustedes?

Anuncios

2 comentarios en “El diario de Adan y Eva, Mark Twain (IV)

  1. jaja, yo voy a supervisar…
    Había oído hablar del libro, pero no había leído nada… hasta hoy. ¡Gracias!

    Te dejo un saludo y una manzana; el gusano, si no te importa, me lo llevo… 😉

    Me gusta

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s