El diario de Adan y Eva, Mark Twain. (V)

AL AÑO SIGUIENTE

Lo hemos llamado Caín. Ella lo atrapó mientras yo estaba afuera, cazando en la Costa Norte de Erie; lo atrapó en el bosque, a una dos millas de nuestra cueva, o deben haber sido cuatro, ella no está segura. Se parece a nosotros. En cierto modo, puede que sea así. Eso es lo que ella piensa, pero es un error, a mi juicio. La diferencia de tamaño garantiza la conclusión de que se trata de una especie animal nueva y distinta – un pez, quizás – aunque cuando lo puse en el agua para averiguarlo se hundió y ella se zambulló para sacarlo, antes de dejarme terminar el experimento. Yo todavía pienso que es un pez, pero ella es indiferente a lo que sea y no me dejará agarrarlo para que lo pueda comprobar. No comprendo. La llegada de esta criatura parece haber cambiado toda su naturaleza y la volvió irracional hacia la experimentación. Ella piensa más en él que en ningún otro animal, aunque no es capaz de explicar por qué. Tiene una confusión mental, todo lo demuestra. Algunas veces carga el pez en sus brazos a mitad de la noche cuando protesta y quiere volver al agua. En esos momentos, otra vez derrama agua por los lugares de su cara por los que mira y palmea al pez en la espalda, haciendo ruiditos suaves con la boca para tranquilizarlo y revela tristeza y solicitud de cien maneras. Nunca la vi actuar así con ningún otro pez y eso me preocupa mucho. Ella solía cargar cachorros de tigre, los paseaba y jugaba con ellos antes de que perdiéramos nuestra propiedad; pero era solo juego; nunca los cuidaba de ese modo cuando su cena no les caía bien.

DOMINGO

Ella no trabaja los domingos. Se queda tumbada por ahí y le gusta que el pez se revuelque sobre ella; hace ruiditos tontos para entretenerlo y finge masticarle las patas y eso lo hace reír. Nunca he visto antes un pez que pudiera reírse. Esto me hace dudar… Me ha empezado a gustar el domingo. Supervisar toda la semana agota el cuerpo. Debería haber más domingos. En los viejos tiempos eran duros, pero ahora vienen bien.

MIÉRCOLES

No es un pez. Pero no puedo darme cuenta de qué es. Hace ruiditos curiosos y débiles cuando no está satisfecho y dice “gu-gu”, cuando lo está. No es uno de nosotros, porque no camina; no es un pájaro, porque no vuela; no es una rana, porque no salta; no es una serpiente, porque no se arrastra; estoy seguro de que no es un pez; aunque no tengo la posibilidad de averiguar si puede nadar o no. Simplemente anda acostado por ahí, mayormente sobre su espalda, con los pies para arriba. Nunca vi hacer eso a ningún otro animal. Dije que creía que era un enigma, pero ella se limitó a impresionarse por la palabra sin entenderla. A mi juicio, es o bien un enigma o bien una especie de bicho. Si muere lo llevaré aparte para estudiar cómo está hecho. Nunca encontré nada que me dejara tan perplejo.

TRES MESES DESPUES

La perplejidad aumenta en vez de disminuir. Apenas puedo dormir un poco. Dejó de estar acostado y ahora anda por ahí en cuatro patas. Sin embargo difiere de los otros animales cuadrúpedos en que sus patas delanteras son inusualmente cortas; en consecuencia, la parte principal de su cuerpo se levanta incómodamente en alto y esto no es nada atractivo. En gran parte está construido como nosotros, pero el método que utiliza para moverse demuestra que no es de nuestra raza. Las patas delanteras cortas y las traseras largas indican que es de la familia de los canguros, aunque hay una marcada variación de la especie, ya que el verdadero canguro salta, mientras que éste nunca lo hace. Sin embargo, es una variedad interesante y curiosa y no ha sido catalogada anteriormente. Dado que yo lo descubrí, me sentí justificado a asegurarme el crédito del descubrimiento adosándole mi nombre, de modo que lo he llamado Cangurorum Adaniensts… Debe haber sido uno muy pequeño cuando llegó, ya que desde entonces ha crecido considerablemente. Ahora debe ser cinco veces más grande de lo que era entonces y cuando está enojado es capaz de hacer veintidós o treinta y ocho veces el ruido que hacía al principio. Y la coerción no modifica este hecho, sino que produce el efecto contrario. Por esta razón, decidí suspender el método. Ella lo tranquiliza y trata de persuadirlo dándole cosas que previamente le ha dicho que no le daría. Como ya observé, no estaba en casa cuando él llegó la primera vez y ella me dijo que lo había encontrado en el bosque. Me parece raro que sea el único de su especie, aunque debe serlo ya que me agoté durante las últimas semanas tratando de encontrar otro para agregar a mi colección y para que éste pueda jugar con él; porque entonces seguramente estaría más tranquilo y podríamos domesticarlo más fácilmente. Pero no encontré ninguno, ni siquiera vestigios; y lo más extraño de todo, no hay huellas. Tiene que vivir sobre la tierra, inevitablemente; entonces, ¿cómo puede andar por ahí sin dejar huellas? Ya puse doce trampas, pero no sirvieron. Atrapé todo tipo de animales pequeños, excepto ése; animales que simplemente se metían en las trampas por curiosidad, pienso yo, para ver qué hacía esa leche allí. Nunca la bebieron.

TRES MESES DESPUES

El canguro aún continúa creciendo, lo cual es muy extraño y sorprendente. Nunca vi ninguno que creciera durante tanto tiempo. Ahora tiene pelaje sobre la cabeza; no como el pelaje del canguro, sino exactamente como nuestro cabello, aunque mucho más fino y suave y en vez de ser negro es rojo. Estoy a punto de volverme loco al ver el desarrollo caprichoso e invasivo de este inclasificable engendro zoológico. Si pudiera cazar otro, pero eso es imposible; es una variedad nueva, y el único ejemplar; tan simple como eso. Pero cacé un canguro verdadero y lo traje, pensando que éste, al sentirse solo, preferiría alguna compañía a no tener ningún pariente, o algún otro animal cercano que simpatizara con él, en su condición de criatura olvidada aquí, entre extraños que no conocen sus hábitos o que no saben qué hacer para hacerle sentir que está entre amigos; pero fue un error ya que empezó a lanzar tales puñetazos apenas vio al canguro, que comprendí que era la primera vez que veía uno. Me compadecí del pobre animalito ruidoso, pero definitivamente no hay nada que pueda hacer para que sea feliz. Si pudiera domesticarlo, pero eso es imposible; cuanto más lo intento, peor me sale. Me parte el corazón contemplar sus pequeñas tormentas de tristeza y pasión. Quise dejarlo ir, pero ella no quiere saber nada. Le pareció cruel e indigno de ella; y quizás tenga razón. Estaría más solo que nunca; porque si yo no puedo encontrar otro, ¿cómo podría hacerlo él?

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Han reparado en que lo único que Eva toma como natural y del cual no pregunta nada para Adan es un tremendo interrogante?…

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