El diario de Adan y Eva, Mark Twain. (VI)

CINCO MESES DESPUES

No es un canguro. No, porque se sostiene agarrándose de los dedos de ella y así camina unos pasos sobre sus patas traseras y después se cae. Es probablemente alguna especie de oso; y todavía no tiene cola -todavía- ni tampoco pelo, excepto sobre su cabeza. Aún sigue creciendo; esa es una circunstancia curiosa, dado que los osos alcanzan su madurez más temprano. Desde nuestra desgracia los osos se han vuelto peligrosos y no voy a estar tranquilo al tener éste merodeando por el lugar mucho tiempo más sin un bozal. Le ofrecí a ella traerle un canguro si deja que éste se vaya, pero no dio resultado: está decidida a arrastrarnos a toda clase de riesgos estúpidos, pienso yo. Ella no era así antes de perder la cabeza.

DOS SEMANAS DESPUÉS

Examiné su boca. Todavía no hay peligro; tiene un solo diente. Aún no tiene cola. Ahora hace más ruido que nunca, princi-palmente de noche. Ya me mudé. Pero vuelvo por la mañana para desayunar y ver si tiene más dientes. Si se le llena la boca de dientes será tiempo de que se vaya, con cola o sin cola, porque un oso no necesita cola para ser peligroso.

CUATRO MESES DESPUÉS

Estuve afuera por un mes, cazando y pescando en la región que ella llama Búfalo; no sé por qué, a menos que sea porque allí no hay ningún búfalo. Mientras tanto, el oso aprendió a andar por sí mismo sobre sus patas traseras y dice “papi y mami”. Ciertamente, es una nueva especie. Esta semejanza con las palabras puede ser puramente accidental, por supuesto, y puede no tener propósito o significado; pero aún en ese caso resulta extraordinaria y es algo que ningún otro oso puede hacer. Esta imitación del discurso, tomada en conjunto con la ausencia ge-neral de pelaje y la total ausencia de cola, indica suficientemente que es una nueva especie de oso. Un estudio posterior del mismo va a ser extremadamente interesante. Mientras tanto, partiré en expedición hacia las lejanas selvas del Norte y haré una búsqueda exhaustiva. Ciertamente, tiene que haber otro en alguna parte y éste va a ser menos peligroso cuando tenga compañía de su misma especie. Me voy derecho para allá; pero primero voy a amordazar a éste.

TRES MESES DESPUÉS

Fue una búsqueda agotadora, pero sin ningún resultado. Entretanto, sin siquiera deslizarse fuera de casa, ¡ella atrapé otro! Nunca vi una suerte semejante. Podría cazar en estos bosques durante cien años y nunca encontraría una cosa así.

AL DIA SIGUIENTE

He estado comparando el nuevo con el viejo y queda perfectamente claro que son de la misma especie. Yo estaba por disecar uno de ellos para mi colección, pero ella tiene prejuicios contra eso, por una razón u otra; entonces dejé la idea de lado, a pesar de que pienso que es un error. Sería una pérdida irrepa-rable para la ciencia si se fueran. El más grande está más tranquilo de lo que estaba y puede reírse y hablar como un loro, sin duda lo aprendió de estar tanto con el loro y por poseer la cualidad imitativa en alto grado. Me sorprendería si resultara ser una nueva especie de loro; aunque no debería sorprenderme, ya que siempre resulté ser algo diferente de lo que hubiera podido pensarse, desde aquellos primeros días en que era un pez. El nuevo es tan horrible ahora como el más grande era al principio; tiene el mismo aspecto magro y amarillento y la misma cabeza peculiar sin ningún pelaje. Ella lo llama Abel.

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