Carmen Conde

Círculo máximo

I

Alrededor de mí, tú.

Estás buscando un punto para clavarte a él. Acaso esto no sea posible. No porque yo no quiera ser inundada por ti, sino porque yo estoy lejana de todo. De puntillas sobre mi corazón.

Ni me enteré del color que tomó el cielo cuando cantabas, ni del diámetro que tiene la distancia que me separa de Dios.

II

Voy y vengo. Iré y vendré,

Soy la pasajera inmóvil de tus ríos.

Si no supieses nada de esta colina blanca crecida de mí, no podrías tomar impulso y saltarla.

He ahí que tú naufragarías.

III

Formada estoy por molinos, balsas, torres, palomas, rosas…

En la rotación, lo primero se junta a lo último. Superposiciones simples. De la terraza a la luna, ¡cuántos kilómetros de estrellas!

IV

Las esquinas llevaban lazos encarnados y verdes.

Cuesta abajo, mis ojos…

-¡Niña, cuidado con mis ojos que se me van al río!

Cinco piedrecillas lisas, dan la impresión de una playa.

De puntillas sobre mi corazón he desplegado el cielo. Dios está próximo. ¡Ya veo las banderitas de su pista!

V

Mi luz recorre todo tu paisaje interior.

Me veo en todo, tú hecha mil yos chiquititas: yo, sólo perfil. Yo, sólo frente. Yo, sólo hombros.

Invado las galerías de tu silencio, descorro tus ventanas y sonrío…

¡Ríe tú, que mi sonrisa es toda la mañana descalza!

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