Annapurna, Annapurna, Annapurna…

 

ojo chico

Se fue desbordando el calor de la siesta en garabatos sobre mi libreta.

Palabras, años, fechas, símbolos, árbol genealógico en ramas infinitas y raices profundas, profundas y retorcidas raices y muchas lineas….

Lineas orgánias que crecen y se hacen automatismos cuando la mente no consigue traducir en palabras el lenguaje antiguo que traen en sus gargantas.

Se desbordaba así el calor en garabatos y en la maraña que crecía pude ver la montaña.

Annapurna… Anna purna… purrrrrna … amo como suena esa r pensé…

y seguí repitiendo como un automatismo más, susurrando entre dientes como un mantra

Annapurna, Annapurna, Annapurna, Annapurna…

hasta que te ví ahí sentado donde te había dejado hace un rato

o donde quisiste quedarte (nunca sé quien decide)

Sentado en una saliente,  con esa vista magestuosa …

Annapurna, Annapurna, Annapurna, Annapurna…

El mantra me llevó a mirar tus ojos y comprendí lentamente, con cada parpadeo, con tu mirada que sostenía la mía, entendí.

El lenguage no venía de gargantas por eso no podía escucharlo, venía desde las entrañas, desde un palpitar, desde un latido…

Sostuve yo tu mirada entonces y comenzaste a contarme

con paciencia de años

con tiempo de todos los tiempos

Annapurna, Annapurna, Annapurna, Annapurna…

Ahora entiendo

ahora sé

ahora te dejo libre

para que liberes tu alma

Annapurna, Annapurna, Annapurna, Annapurna…

 

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