La pura verdad

Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria: nada
importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles; enamorado
de las cosas de este mundo con inconsciencia y dolor
y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría; tuve
sueños espantosos y buenos amores, ligeros y culpables.

Me averguenza verme cubierto de pretensiones; una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,

un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora, sin
darme cuenta, voy iniciando
una madurez equilibrada, capaz de enloquecer a
cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente; mi
memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado
para siempre; sé que futuro y memoria se vengarán algun día.
Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la
Cenicienta, aunque algunos

me recuerden con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad
de la fama y del dinero; las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no
sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.

Hace un mes, el 29 de Noviembre, este blog cumplió 5 años. Como no soy de andar contado aniversarios ni de darle demasiado valor a las fechas, la verdad se me pasó…Pero justamente ayer (cómo son las casualidades) me preguntaba desde cuando tenía este espacio y me puse a buscar el primer post, en fin, parece que los fines de año siempre se me da por el desahogo, la escritura compulsiva y las ganas de contar.
Tal vez todo eso, casi cíclico en mí, más el deseo de huída de la realidad absorvente y de huída también de otro blog más modesto y experimental que no tenía muchas visitas la verdad, me llevó a este lugar en el que pude dar rienda suelta a todo lo que se pasaba y se pasa por mi cabeza.
Este blog me ha dado unas cuantas alegrías, en forma de comentarios, me ha dejado algunos amigos a los cuales no les conozco el rostro pero sí parte del alma, en un post común y corriente nacieron las ideas para mi novela y también de este blog se desprendieron otros blogs dedicados a mis ilustraciones y a incentivar la lectura en lso más chiquitos. Creo que todo eso no es poco, gracias a todos los que pasaron y pasan por este lugar a los que solo leeen y a los que leen y comentan…estoy satisfecha y con ganas de seguir por eso ahora Escritos alguna vez tiene su pagina también en facebbok y bueno tal vez siga creciendo uno nunca sabe donde empieza el horizonte.
Gracias a todos por estar siempre y que tengan un 2012 lleno de energía y paz!!!!
La

La helada:
alfombrando el cespec sucio de la plazoleta (inviernos de las 80 seis de la mañana)

Cumpleaños:
chocolateando el mantel rojo brodado en blanco por la abuela (julios 5 de la tarde)

La siesta:
“solapeando” el piso de granito hermanadas en cuchicheo (febreros, calle santiago de chile, barrio roma)

Escribir para mí es lo más parecido a la pasión que he experimentado a lo largo a de mi vida. Escribo por necesidad, sí, pero una vez instalada en ese barco, navegar por las letras es algo pasional, viceral, algo que realizo con vehemencia. Tal vez es lo único que realizo con tanta vehemencia… pero eso es otra historia.
Mi novela de “los pinos negros” comenzó a gestarse al tiempo que se gestaba mi segundo hijo y hoy tres años después comienzo a hurdir su desenlace. Es algo muy fuerte, es como querer que el hijo crezca y a la vez no querer soltarle la mano.
No es que ya esté escribiendo el último capítulo ¡No!cuando uno dice que empezó a pensar en el final, los amigos dicen “bueno ya la quiero leer” pero nadie se imagina que pensar en el final es tal vez estar parada justo en la mitad … donde el nudo comienza a soltarse…

Se aproximan las vacaciones y con ellas ( quién sabe por qué ) las buenas lecturas… Hoy recordé un muy buen cuento de Quiroga (uno de sus tantos buenos cuentos) mienstras hablaba con mi hija de los cuentos de misterio, y bueno , entonces lo busqué y se lo apunté. De paso lo traigo al blog. Se los regalo como presente de fin de año….

El Almohadón de Plumas (Horacio Quiroga)

Su luna de miel fue un largo escalofrío. Rubia, angelical y tímida, el carácter duro de su marido heló sus soñadas niñerías de novia. Ella lo quería mucho, sin embargo, a veces con un ligero estremecimiento cuando volviendo de noche juntos por la calle, echaba una furtiva mirada a la alta estatura de Jordán, mudo desde hacía una hora. Él, por su parte, la amaba profundamente, sin darlo a conocer.

Durante tres meses -se habían casado en abril- vivieron una dicha especial.

Sin duda hubiera ella deseado menos severidad en ese rígido cielo de amor, más expansiva e incauta ternura; pero el impasible semblante de su marido la contenía siempre.

La casa en que vivían influía un poco en sus estremecimientos. La blancura del patio silencioso -frisos, columnas y estatuas de mármol- producía una otoñal impresión de palacio encantado. Dentro, el brillo glacial del estuco, sin el más leve rasguño en las altas paredes, afirmaba aquella sensación de desapacible frío. Al cruzar de una pieza a otra, los pasos hallaban eco en toda la casa, como si un largo abandono hubiera sensibilizado su resonancia.

En ese extraño nido de amor, Alicia pasó todo el otoño. No obstante, había concluido por echar un velo sobre sus antiguos sueños, y aún vivía dormida en la casa hostil, sin querer pensar en nada hasta que llegaba su marido.

No es raro que adelgazara. Tuvo un ligero ataque de influenza que se arrastró insidiosamente días y días; Alicia no se reponía nunca. Al fin una tarde pudo salir al jardín apoyada en el brazo de él. Miraba indiferente a uno y otro lado. De pronto Jordán, con honda ternura, le pasó la mano por la cabeza, y Alicia rompió en seguida en sollozos, echándole los brazos al cuello. Lloró largamente todo su espanto callado, redoblando el llanto a la menor tentativa de caricia. Luego los sollozos fueron retardándose, y aún quedó largo rato escondida en su cuello, sin moverse ni decir una palabra.

Fue ese el último día que Alicia estuvo levantada. Al día siguiente amaneció desvanecida. El médico de Jordán la examinó con suma atención, ordenándole calma y descanso absolutos.

-No sé -le dijo a Jordán en la puerta de calle, con la voz todavía baja-. Tiene una gran debilidad que no me explico, y sin vómitos, nada… Si mañana se despierta como hoy, llámeme enseguida.

Al otro día Alicia seguía peor. Hubo consulta. Constatóse una anemia de marcha agudísima, completamente inexplicable. Alicia no tuvo más desmayos, pero se iba visiblemente a la muerte. Todo el día el dormitorio estaba con las luces prendidas y en pleno silencio. Pasábanse horas sin oír el menor ruido. Alicia dormitaba. Jordán vivía casi en la sala, también con toda la luz encendida. Paseábase sin cesar de un extremo a otro, con incansable obstinación. La alfombra ahogaba sus pasos. A ratos entraba en el dormitorio y proseguía su mudo vaivén a lo largo de la cama, mirando a su mujer cada vez que caminaba en su dirección.

Pronto Alicia comenzó a tener alucinaciones, confusas y flotantes al principio, y que descendieron luego a ras del suelo. La joven, con los ojos desmesuradamente abiertos, no hacía sino mirar la alfombra a uno y otro lado del respaldo de la cama. Una noche se quedó de repente mirando fijamente. Al rato abrió la boca para gritar, y sus narices y labios se perlaron de sudor.

-¡Jordán! ¡Jordán! -clamó, rígida de espanto, sin dejar de mirar la alfombra.

Jordán corrió al dormitorio, y al verlo aparecer Alicia dio un alarido de horror.

-¡Soy yo, Alicia, soy yo!

Alicia lo miró con extravió, miró la alfombra, volvió a mirarlo, y después de largo rato de estupefacta confrontación, se serenó. Sonrió y tomó entre las suyas la mano de su marido, acariciándola temblando.

Entre sus alucinaciones más porfiadas, hubo un antropoide, apoyado en la alfombra sobre los dedos, que tenía fijos en ella los ojos.

Los médicos volvieron inútilmente. Había allí delante de ellos una vida que se acababa, desangrándose día a día, hora a hora, sin saber absolutamente cómo. En la última consulta Alicia yacía en estupor mientras ellos la pulsaban, pasándose de uno a otro la muñeca inerte. La observaron largo rato en silencio y siguieron al comedor.

-Pst… -se encogió de hombros desalentado su médico-. Es un caso serio… poco hay que hacer…

-¡Sólo eso me faltaba! -resopló Jordán. Y tamborileó bruscamente sobre la mesa.

Alicia fue extinguiéndose en su delirio de anemia, agravado de tarde, pero que remitía siempre en las primeras horas. Durante el día no avanzaba su enfermedad, pero cada mañana amanecía lívida, en síncope casi. Parecía que únicamente de noche se le fuera la vida en nuevas alas de sangre. Tenía siempre al despertar la sensación de estar desplomada en la cama con un millón de kilos encima. Desde el tercer día este hundimiento no la abandonó más. Apenas podía mover la cabeza. No quiso que le tocaran la cama, ni aún que le arreglaran el almohadón. Sus terrores crepusculares avanzaron en forma de monstruos que se arrastraban hasta la cama y trepaban dificultosamente por la colcha.

Perdió luego el conocimiento. Los dos días finales deliró sin cesar a media voz. Las luces continuaban fúnebremente encendidas en el dormitorio y la sala. En el silencio agónico de la casa, no se oía más que el delirio monótono que salía de la cama, y el rumor ahogado de los eternos pasos de Jordán.

Alicia murió, por fin. La sirvienta, que entró después a deshacer la cama, sola ya, miró un rato extrañada el almohadón.

-¡Señor! -llamó a Jordán en voz baja-. En el almohadón hay manchas que parecen de sangre.

Jordán se acercó rápidamente Y se dobló a su vez. Efectivamente, sobre la funda, a ambos lados del hueco que había dejado la cabeza de Alicia, se veían manchitas oscuras.

-Parecen picaduras -murmuró la sirvienta después de un rato de inmóvil observación.

-Levántelo a la luz -le dijo Jordán.

La sirvienta lo levantó, pero enseguida lo dejó caer, y se quedó mirando a aquél, lívida y temblando. Sin saber por qué, Jordán sintió que los cabellos se le erizaban.

-¿Qué hay? -murmuró con la voz ronca.

-Pesa mucho -articuló la sirvienta, sin dejar de temblar.

Jordán lo levantó; pesaba extraordinariamente. Salieron con él, y sobre la mesa del comedor Jordán cortó funda y envoltura de un tajo. Las plumas superiores volaron, y la sirvienta dio un grito de horror con toda la boca abierta, llevándose las manos crispadas a los bandós. Sobre el fondo, entre las plumas, moviendo lentamente las patas velludas, había un animal monstruoso, una bola viviente y viscosa. Estaba tan hinchado que apenas se le pronunciaba la boca.

Noche a noche, desde que Alicia había caído en cama, había aplicado sigilosamente su boca -su trompa, mejor dicho- a las sienes de aquélla, chupándole la sangre. La picadura era casi imperceptible. La remoción diaria del almohadón había impedido sin duda su desarrollo, pero desde que la joven no pudo moverse, la succión fue vertiginosa. En cinco días, en cinco noches, había vaciado a Alicia.

Estos parásitos de las aves, diminutos en el medio habitual, llegan a adquirir en ciertas condiciones proporciones enormes. La sangre humana parece serles particularmente favorable, y no es raro hallarlos en los almohadones de pluma.

Esa manía de soñar con desconocidos,
esa costumbre anidada en la mente desde pequeña…..

La puerta cruje azotada por el agua. El viento aturde. Las velas se han consumido. Dejo ahora la pluma, un hilo de agua sucia ha llegado hasta mis pies. Este naufragio en tierra firme es inmimente…

Clara…
poco a poco acepta su linaje
y todo lo que ello significa….

Acepta los secretos
las heridas
las vacilasiones
las certezas
el poder
la rebeldía
el destino
el azar de cada día…

Aprende a ser quien debe ser,
aprende por herencia
por decición
por la sangre
por la tierra
por los sueños
por los deseos

Aprende a golpes
a sustos
a miedos
a felicidad
a suspiros
a instantes
Aprende por convicción
y por instinto
Aprende por que estaba escrito
que así fuese…

Acepta y aprende
crece…
crece…

Comencé a leer el libro “Mujeres que corren con lobos”, de Clarisa Pinkola Estés, tal vez lo busqué por el título que me llamó mucho la atención, tal vez dí con él porque me encuentro en una etapa de cambios, en una etapa en la que me siento como comenzando a correr….
y he encontrado este video que en cierta forma lo resume por medio de frases significativas. Quería compartirlo, simplemte….

No son más que brumas,
no te friegues los ojos,
no te despejes de cabellos el rostro,
no te esfuerces por entender,
más no te niegues a ver….

No son más que brumas
que cosquilleando hacen fruncir los entrecejos
que se han desprendido
de quien sabe que recóndito hueco
y van callendo por el tunel oscuro
de pupilas que encuentran sin sueño

no son más que brumas
injurias
miserias
envidias
pobres y humanas tristezas
brumas espezas
brumas

No son más que brumas
pero ciegan
y confunden caminos
y crean resbalones
y simbran charcos hasta en días soleados

Entonces:
aprieta los dientes
cierrra con furza los puños
cuando te surquen las mejillas
y vayan a opacar tu sonrisa
ese es el momento
espera con los labios entreabiertos,
succuiona de golpe,
date el mal trago
de brumas licuado…
y san se acabó!
las brumas se habrán disipado.

Saberse extraño y la vez uno mismo

Herencia de Los Pinos Negros

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